Descubra el camino recorrido, desde los primeros ensayos y recetas tradicionales hasta lograr un producto respetado por su pureza inigualable.
En un pequeño pueblo de los Valles Centrales de Oaxaca, Doña María, una cocinera de 70 años, ha dedicado su vida a perfeccionar el arte del chile seco. Heredó de su abuela el secreto para seleccionar los chiles perfectos: aquellos que han madurado bajo el sol implacable de la región, adquiriendo un color profundo y un aroma inconfundible. Durante décadas, ha compartido su conocimiento con su familia, quienes ahora continúan la tradición.
La región de Oaxaca es famosa por sus suelos ricos en minerales y su clima cálido y seco, ideales para el cultivo de chiles. Los productores locales siembran las semillas en primavera, y en otoño, cuando los chiles han alcanzado su madurez, los cosechan a mano. Luego, los extienden sobre petates de palma para secarlos al sol durante días, volteándolos constantemente para un secado uniforme. Este método lento y natural es lo que distingue a los chiles de Oaxaca.
Tres etapas innegociables para mantener la autenticidad en cada botella.
Cosecha manual: Los chiles se recolectan en su punto máximo de madurez, cuando han desarrollado todo su color y sabor.
Secado al sol: Se colocan en capas finas sobre superficies limpias y se dejan bajo el sol por 5 a 7 días, protegidos por la noche.
Selección y empaque: Cada chile se inspecciona individualmente para eliminar impurezas y se empaca en bolsas herméticas para conservar su aroma.